Ixusos
La boca de “Ixusos” me molesta, sobre todo cuando juega al ventrílocuo y por esa breve rendija de su boca se le trasluce una hilera de dientes arruinados por las caries que, a la vez, se parecen mucho a una cuadra de casas desmoronadas, bajo los hilos de plata que se alargan y acortan entre las palabras, como una saliva viscosa entre las encías hinchadas por un rojo sangrante.
Las palabras de Ixusos, son más bien algo parecido a una melodía, pero no cualquier melodía, son exactamente el sonido de Ixusos, que juega a los cánones y a las imitaciones, si es qué a esto se le puede llamar juego.
Por las mañanas, o no tan mañanas, él con una cucharita de té muy fría bromea, a veces, empalándome los dedos, pues así me despierta, avisándome que él ha despertado antes que yo, sin embargo, es aquí, que aun y por suerte todavía no se cual es la diferencia, entre Ixusos y mí.
Como la muerte, como la cocaína, como los orgasmos y como la música a veces bien sentida, es Ixusos, pues si no lo has besado jamás sabrás de lo que se trata. Quizás algún viejo griego me dirá que es la catarsis, pero Ixusos es más que eso, puesto que eso llamado catarsis sería sólo el flash y una foto estéril de este virtuoso demonio.
¿Seré más qué ese demonio, seré yo el fascista que ha endemoniado a ese ángel desesperado, seré yo más qué Ixusos, o seré yo el mismo Ixusos?
La boca de “Ixusos” me molesta, sobre todo cuando juega al ventrílocuo y por esa breve rendija de su boca se le trasluce una hilera de dientes arruinados por las caries que, a la vez, se parecen mucho a una cuadra de casas desmoronadas, bajo los hilos de plata que se alargan y acortan entre las palabras, como una saliva viscosa entre las encías hinchadas por un rojo sangrante.
Las palabras de Ixusos, son más bien algo parecido a una melodía, pero no cualquier melodía, son exactamente el sonido de Ixusos, que juega a los cánones y a las imitaciones, si es qué a esto se le puede llamar juego.
Por las mañanas, o no tan mañanas, él con una cucharita de té muy fría bromea, a veces, empalándome los dedos, pues así me despierta, avisándome que él ha despertado antes que yo, sin embargo, es aquí, que aun y por suerte todavía no se cual es la diferencia, entre Ixusos y mí.
Como la muerte, como la cocaína, como los orgasmos y como la música a veces bien sentida, es Ixusos, pues si no lo has besado jamás sabrás de lo que se trata. Quizás algún viejo griego me dirá que es la catarsis, pero Ixusos es más que eso, puesto que eso llamado catarsis sería sólo el flash y una foto estéril de este virtuoso demonio.
¿Seré más qué ese demonio, seré yo el fascista que ha endemoniado a ese ángel desesperado, seré yo más qué Ixusos, o seré yo el mismo Ixusos?